The Second Line / Lifestyle

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El aprendizaje del NO.

Lo que más recuerdo de mis comienzos en moda es el miedo que llegué a sentir antes de enseñar mi trabajo. La ilusión vino después y para eso, tuve que dejarlo todo. Ahora, años después, vuelvo a encontrarme en el mismo lugar de partida y con la misma  aterradora pregunta en mi cabeza, debo decir sí o no.

Del difícil inicio no se libra nadie.

Aunque mis andaduras parecen muy emocionantes y lineales, lo cierto es que no lo han sido y el camino se ha presentado siempre intenso y lleno de altibajos. Así sigue y me temo que así seguirá siendo.

 

Sin apenas experiencia en la fotografía pero con muchas ganas, gracias a Instagram y a pequeñas colaboraciones con algunas marcas españolas, conseguí un par de trabajos que en vez de hacerme feliz se convirtieron en una constante sensación de fracaso.

Uno de ellos, cada vez  que entregaba las fotos que me pedían en mi nuevo trabajo, me decían que estaba mal, que repitiera todo de nuevo. Todos los mails eran negativos y poco constructivos.

Yo veía como muchas marcas que admiraba utilizaban ese tipo de contenido y ya habían visto mi portfolio, que son estas fotos que muestro hoy, similar al trabajo que generaba, pero la gente  que a mí me contrataban pensaban que eran fotos sosas, demasiado minimalistas y fáciles. Faltaban adornos, ruido, flash, definición… me llegaron decir que ese tipo de fotos lo podían hacer ellas con el móvil y que si llamaban a un fotógrafo profesional era para crear algo más efectista y artístico.

Estaba sumergida en la peor pesadilla a la que se puede enfrentar un creativo, debatir y defender tu trabajo con el único contacto que tenía, una joven que acaba de empezar a trabajar igual que yo y que su preocupación era mantener su trabajo a salvo a costa  de no valorar el mío desde la confianza, sino desde las estadísticas y los famosos y malditos likes.

No tenían ningún referente más allá que el de la competencia de al lado.

Y un día, cansada de tanto esfuerzo y sentirme tan desvalorada, se me ocurrió decir que eso era un error y que si querían fijarse en alguien, que lo hicieran del mejor y más lejano y no en el que no aportaba nada y pasa desapercibido por muy famoso que fuera porque el resultado sería el mismo.

Eso no le gustó demasiado y de repente me vi mandando muchísimos mails envueltos en una constante discusión sobre mis fotos, la estrategia, los likes, bla bla bla… fue realmente agotador. Nuestras estrategias eran tan diferentes que jamás nos pondríamos de acuerdo.

Tenía tres opciones: cambiar de estilo para gustarles, tirar la toalla o autodespedirme y buscar a la gente adecuada que sí creyera en mí.

Me autodespedí y continué mi camino.

Ahí me di cuenta de que había aprendido algo muy importante. Tenía que detectar antes cuándo no encajaba en un lugar y no forzar la situación cuando así fuera.

Yo podía haberme tomado todas esas críticas a modo personal y pensar que no sirvo para esto. También podría haberme callado y seguir ahí metida haciendo todo lo que me pedían pero preferí buscar a la gente que creyera en mí.

Cuando no encajas en un patrón no es culpa de nadie.

Ella  no estaba haciendo mal su trabajo ni yo el mío, es que se equivocaron a la hora de elegirme, y yo me equivoqué al pensar que les podría meter mis ideas en su cabeza y que todo sería maravilloso como en las pelis.

En estos casos es mejor no insistir, es una batalla perdida.

Con mucho respeto y educación, entregué las fotos que necesitaban y escribí un mail explicando los motivos de mi ida acabando con un “Gracias por la oportunidad. Gracias por todo lo que me habéis ofrecido y enseñado. Seguimos en contacto.”

Esta difícil decisión que puede parecer heroica o llena de autoestima, realmente yo la sentí como un acto de sentido común y principios.

Además hay una cosa con la que no comulgo; el poder nunca se debe usar como excusa para debilitar a otro. Justo creo fielmente en la estrategia contraria, en motivar a la gente con la que trabajo para que cada día lo hagamos mejor y con más ilusión para alcanzar la meta.

Llegué a sentir miedo antes de enseñar mi trabajo. La ilusión vino después y para eso, tuve que dejarlo todo

Ha pasado mucho tiempo desde esa anécdota pero cosas de la vida, me la he vuelto a encontrar en el camino. 

Mis fotos de los últimos años le encajan perfectamente con uno de sus clientes y le encantaría que fuera yo la que le hiciera la nueva  imagen. Yo, muy agradecida y halagada, le hago ver que estoy también interesada y le mando un moodboard con las ideas que tengo para ellos.

La contestación ha sido como un viaje al pasado. No quieren ni mis ideas ni escuchar mis propuestas, quieren exactamente lo que hacía hace 5 años y que ya no hago. Siento además que es una estética muy machacada por la tendencia y es cierto que ya se me ha hecho un poco de bola, la verdad…

Entonces he reflexionado sobre  si quiero y realmente me compensa volver a encontrame en el mismo lugar del que salí corriendo o seguir el camino que estoy construyendo, así que he tirado del famoso aprendizaje del no y lo he rechazado.

Estoy agradecida por su confianza y espero que algún día nos encontremos alineadas y  juntemos fuerzas, de igual a igual, pero de momento no ha sido así.

 

Creo que cuando estas inmersa en una etapa de cambio, como en la que me encuentro ahora mismo, hay que ser fiel a las decisiones tomadas y continuar con el plan.

Estoy deseando saber qué está por llegar.

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